El Pabellón de 100 Metros Lineales se integra en el paisaje de la huerta valenciana como una línea sutil y evocadora, construida a partir de la repetición rítmica de un pórtico reinterpretado. Esta estructura, inspirada en las tradicionales espalderas de madera que han sustentado el cultivo del tomate en la región durante generaciones, se adapta al presente mediante el uso de barras de acero corrugado: un material contemporáneo, reciclable y reversible que conserva la ligereza y la integridad estructural del original.
El diseño establece un diálogo entre la historia agrícola y el arte contemporáneo, articulando una línea de 100 metros que no impone una forma cerrada, sino que activa el paisaje mediante un gesto minimalista pero impactante. Esta línea, construida mediante la reiteración casi musical del módulo, invita no solo a la exploración, sino también a la observación, la habitabilidad y la escucha del huerto.
La ligera cubierta textil flotante introduce una segunda capa de interpretación: la de la sombra y la atmósfera. Las telas tendidas entre los pórticos crean un juego de luces y sombras que evoca los ritmos del cultivo, la protección estacional y el cuidado diario de la tierra. No es una cubierta funcional, sino simbólica: una evocación del trabajo, el refugio y los ritmos largos y pausados del paisaje agrícola.
El proyecto entiende que preservar el suelo agrícola implica no solo conservar su apariencia física, sino también activar su imaginario colectivo desde una perspectiva contemporánea. Reinterpretar las estructuras agrícolas no es un mero gesto formal, sino una forma de traer al presente un modo de vida amenazado por la presión urbana, el abandono rural y la crisis climática. El pabellón se convierte así en una herramienta crítica y poética para recuperar la conexión emocional y sensorial con la tierra.
Con su naturaleza reversible y su mínima huella ecológica, la instalación ofrece un marco para la contemplación y la reinterpretación del paisaje. Invita a la comunidad a explorarlo, habitarlo y abrazarlo desde una perspectiva renovada. Lejos de imponerse, la intervención complementa el paisaje: se integra con los surcos, sigue la dirección del riego y se deja moldear por el viento, el sol y el paso del tiempo.
El proyecto, que abarca 100 metros lineales, busca revitalizar el patrimonio a través de la fragilidad, la ligereza y la repetición. Conecta tradición e innovación, prácticas agrícolas y expresión artística, lo que fuimos y lo que aún podemos ser como comunidad vinculada a un territorio en transformación.